Los inmigrantes han venido a invadirnos, robarnos, violarnos o eso es lo que algunos quieren que creas. Veamos qué dicen los datos.
Cuando se habla de inmigración y delincuencia se suele repetir una idea que no está respaldada por los datos: la llegada de personas extranjeras hace que aumente la criminalidad. Pero la verdad es muy distinta. De hecho, según varios estudios (Alonso-Borrego, Delgrande y Aebi), en muchos casos la criminalidad baja cuando hay más inmigración.
Entonces, ¿por qué se sigue hablando tanto de inmigrantes y delincuencia? La respuesta no es sencilla, pero lo que está claro es que hay muchos factores sociales y económicos detrás (como en la delincuencia en general).
¿Tiene que ver con la cultura?
Una teoría muy conocida de Thorsten Sellin (que fue un reconocido sociólogo, criminólogo y penólogo sueco-estadounidense) aseguraba que el delito puede surgir cuando chocan diferentes normas culturales. Pero esta idea no termina de explicar lo que pasa hoy, y además está bastante caducada, ya que se basó en la experiencia norteamericana de posguerra de mediados del siglo XX. Hoy se cree que la clave no radica en las diferencias culturales, sino en el contexto social: el entorno donde viven las personas inmigrantes influye mucho más en su comportamiento que sus costumbres de origen.
Sabemos que la exclusión social y la marginación favorecen la delincuencia, por lo que lo lógico sería preguntarse: ¿hay oportunidades reales para la integración?, ¿o más bien colocamos a las personas migrantes en guetos para verlas lo menos posible, con pocas opciones de prosperar y muchos obstáculos?
Más allá de la cultura, ¿qué lleva a alguien a cometer un delito?
Lo que muchos investigadores destacan es que no es la nacionalidad lo que hace que alguien delinca. Es la falta de oportunidades lícitas. Es más, cuando los europeos eran los inmigrantes, las tasas de criminalidad de los extranjeros fueron incluso superiores a las de hoy en día en Europa.
Cuando no hay acceso a empleo, educación o una vida estable, aumenta el riesgo de que alguien tome vías alternativas para subsistir. Eso no tiene nada que ver con ser inmigrante o no; tiene que ver con buscarse la vida.
Las personas y sus situaciones vitales interactúan de tal manera que cualquiera de nosotros, ante un cambio de vida radical (imaginemos una guerra, una pandemia que asola el mundo mucho más mortífera que la covid, hambrunas, un apagón tecnológico permanente, etc.), también cambiaríamos nuestra forma de ser y de relacionarnos con nuestro entorno.
La criminología ha demostrado que los factores fundamentales para que se cometa un delito son que la persona que lo va a cometer lo vea como algo «aceptable», que lo pueda hacer, que crea que no la van a pillar o que no tenga autocontrol suficiente para evitarlo.
Y por eso, otra de las máximas de la criminología es que todas las personas somos delincuentes. ¿O tú nunca te has descargado películas o música de internet? ¿No te has saltado jamás una señal de tráfico o has bebido en la vía pública? Esas son las cosas que, aunque son contrarias a la norma, las personas privilegiadas nos permitimos hacer. Pero ¿qué pasa cuando lo que consideramos «aceptable» varía por las circunstancias?
Problemas con las estadísticas: lo que no se cuenta
Uno de los grandes problemas consiste en que las estadísticas oficiales no están completas. No siempre dicen si la persona detenida es inmigrante, turista o está en situación irregular. Además, no se cruzan bien los datos de nacionalidad con los tipos de delitos. Todo esto hace que sea muy difícil tener una imagen clara. Además, hay una gran diferencia entre los hechos que registra la Policía, las detenciones y las condenas.
Tenemos que entender que los ocho millones de personas migrantes que hay censadas en en España, según el INE, no son los que cometen los delitos que el Ministerio atribuye a los «extranjeros».
Esa etiqueta tan amplia engloba a todas las personas extranjeras censadas, a los migrantes indocumentados, a los hooligans que destrozan cosas y se pelean tras los partidos de fútbol, a los que vienen a pasar las vacaciones en grandes hoteles y a violar a alguna niña de paso, a los delincuentes trasnacionales que no viven aquí, pero acuden para dejar un cargamento de drogas, armas o personas a las mafias nacionales y los pillan, a los que son extranjeros ricos y blanquean el dinero aquí, etc.
Por lo tanto, si cuando piensas en extranjeros delincuentes, la imagen que te viene a la cabeza es la de un joven procedente de Marruecos o de Sudán que vende zapatillas de imitación o roba carteras en el metro, igual estás viendo solo una parte muy pequeña y muy racista del cuadro completo.
Otro problema grave es el sesgo en las detenciones. Varios estudios han demostrado que las fuerzas del orden tienden a detener más fácilmente a personas que «parecen extranjeras», lo cual distorsiona las cifras.
Y si a eso le sumamos que, en muchos casos, se aplica la ley de forma más dura a los inmigrantes (como la prisión preventiva o la expulsión del país), vemos que las estadísticas pueden estar infladas por razones que poco tienen que ver con la realidad de los delitos cometidos.
Además de todo esto, ¿quién se puede pagar una buena representación legal? ¿Quién tendrá apoyo social? ¿Quién no va a sufrir ningún tipo de etiquetamiento previo en sede judicial? ¿Quién podrá argumentar fluidamente en su idioma? Haciendo un mínimo esfuerzo para poner a trabajar nuestras neuronas espejo, veríamos que la cosa no es tan simple como parecen decir algunos datos.
¿Qué consecuencias tiene todo esto?
El gran peligro es que estos datos incompletos y los prejuicios que circulan pueden alimentar discursos políticos extremos y reforzar estereotipos falsos, lo que se ve reflejado en el aumento del apoyo a ideologías conservadoras y radicales de extrema derecha.
Además, muchos medios de comunicación prefieren el sensacionalismo antes que el rigor para aumentar su audiencia, lo que hace que estos mitos sigan creciendo.
¿Me van a apuñalar en Barcelona?
The Objective, compartía la semana pasada esta publicación en su cuenta de Instagram. No es inusual encontrar artículos o publicaciones en este medio haciendo un uso dudoso de las estadísticas para vender su argumentario de que las personas inmigrantes son el origen de todos los males en nuestro país.
Curiosamente, no dicen nada acerca de que las personas trabajadoras del llamado sur global aportan el 90 % de la mano de obra y reciben el 21 % de los ingresos mundiales. De hecho, en España concretamente, el 80 % del aumento del PIB está relacionado con el trabajo de las personas migrantes.
La estadística que usa The Objective, la policial, no es igual a delincuencia real; es, solamente, la delincuencia informada, es decir, la que llega a conocimiento de las fuerzas y cuerpos de seguridad, que, como hemos dicho, no es imparcial, ya que en los cuerpos policiales puede haber importantes sesgos a la hora de detener a alguien.
Pero, es más, que detengan a alguien no significa que sea culpable. Eso lo determinará una sentencia tras el juicio pertinente. Por eso, dichas estadísticas no dicen demasiado, y son mucho más fiables (aunque no están exentas de sesgos) las judiciales.
No podemos olvidar (especialmente en la redacción de The inObjetive) que los medios tienen la obligación de aplicar el principio de presunción de inocencia y eso no va en función de su opinión o del color de la piel de la persona detenida.
Porque ¿quién disfruta más del derecho a la presunción de inocencia, Dani Alves, un rumano que, presuntamente, cometió una violación en Barcelona o un inmigrante magrebí desconocido? Una vez más, la xenofobia va acompañada de aporofobia.
Pero bueno, ante tal afirmación de The Objective, no nos íbamos a quedar calladas y hemos recurrido a nuestro amigo, el Portal Estadístico de Criminalidad.
Los datos publicados más recientes son los de 2023 (ya se sabe, las cosas de palacio…). A nivel nacional, la tasa de criminalidad era de casi 51 delitos por cada 1000 habitantes. Para Barcelona, de 47,6. Entonces, lo de llamar a Barcelona «NO-GO ZONE» parece más un mito que una verdad.
No obstante, hemos accedido a las detenciones e investigaciones, que son las únicas que diferencian por sexo y nacionalidad, y hemos desagregado los datos por provincias. Con unas cuantas operaciones matemáticas sencillas y poniendo en práctica la estadística (qué completa es la criminología, oye), hemos obtenido esta tabla:
Por un lado, encontraréis los delitos cometidos por nacionales hombres y su porcentaje; por otro, extranjeros varones y su porcentaje; lo mismo para mujeres; la suma de ambos sexos y finalmente el total. Según estos datos, el 44 % de las personas detenidas en 2023 eran varones extranjeros; si sumamos las mujeres, son el 54 %. Así que de 8 de cada 10, nada.
Si observamos la tabla, podemos ver cómo los delitos donde los extranjeros sobresalen por encima de los nacionales es en los relacionados con el patrimonio y el tráfico de drogas. Consecuencia lógica de lo que hemos explicado más arriba: falta de oportunidades, contexto social de acogida dudoso… Pero, repetimos, esto son detenciones, no condenados.
Y para los que vayan a decir que estos datos no valen porque son de 2023…, malas noticias, mi gente, el balance de criminalidad de 2024 dice que han bajado (y lamentamos comunicaros que el del primer trimestre de 2025 dice lo mismo…).
Pero lo que es más interesante aún y que nadie señala es que si sumamos los datos de los delitos cometidos por hombres, resultan el 76 % de los arrestados. Aquí si nos acercamos a «el 8 de cada 10». Quizás el titular quedaría mejor si dijera que casi 8 de cada 10 detenidos en Barcelona son varones.
¡Es más! Vamos a fijarnos en el porcentaje de mujeres extranjeras detenidas. Las mujeres son entonces el 10 % de extranjeras, frente al 13 % de las nacionales. Entonces, ¿cuál es el factor criminógeno aquí?, ¿el sexo o la inmigración? O, mejor dicho, ¿cuál es el factor protector? ¿Es el sexo el factor más fiable a la hora de predecir la delincuencia? Si la inmigración fuera un factor de riesgo, afectaría igualmente a ambos sexos. Venga, que no es tan difícil.
En resumen
No, ser inmigrante no te hace más propenso a delinquir. Lo que de verdad importa es el contexto en el que vive una persona: si tiene oportunidades, apoyo, seguridad… o si está en una situación de exclusión total.
Y aunque a veces se hable mucho de delitos cometidos por personas extranjeras, los datos no apoyan la mayoría de esas afirmaciones. La próxima vez que escuches a alguien decir lo contrario, ya tienes argumentos para poner los puntos sobre las íes.
Autora: Nuria Fernández Fernández