Hemos oído por ahí que puedes reconocer a un maltratador por las escamas de su piel, por su olor a colonia Brummel y porque blasfema y escupe en el suelo del portal cuando se cruza con algún vecino.
Por eso, el vecindario es la primera fuente de información a la que hay que consultar para que nos den un informe detallado del perfil del agresor y del número de saludos por año que se dieron en las zonas de las escalera y del portal.
Y, cuando se da el caso excepcionalmente raro en el que los vecinos confirman que un hombre normal, de trato afable y espléndido en prodigar saludos ha cometido un acto atroz, hay que llamar corriendo a una persona experta en comentar cosas para buscar una explicación que nos tranquilice. Aunque sea una tan surrealista como que tras 4 horas de bronca entras en un estado de ira que bloquea el comportamiento.