Este tipo de preguntas sobre las víctimas, sobre todo cuando se plantean en determinados contextos, son otra forma de revictimización.
El que pregunta ¿no? ofende
Puede que tú, tan racional como eres, con tanta empatía como tienes, que entiendes perfectamente que la violencia de género es una lacra, también te lo hayas preguntado. ¿Por qué no dejan a sus agresores? ¿Por qué vuelven con ellos? ¿Por qué no protegen a sus hijos?
Si te haces estas preguntas, sentimos tener que darte una mala noticia: te faltan conocimientos básicos y, hasta que no lo soluciones, serás parte del problema.
Estamos un poco cansadas de escuchar a personas, seguramente bienintencionadas, haciendo preguntas revictimizantes y, por eso, escribimos este post: para que no quepan más dudas.
Eso sí, acéptanos este consejo: si no eres capaz de entender algo, antes de ir formulando preguntas que dejen como idiotas a personas que están sufriendo una situación de mierda, busca información. Gracias a internet, está a tu alcance.
¿Por qué no salen de Palestina los palestinos si los están bombardeando? ¿Por qué no alquilan una casa las personas sin hogar? ¿Por qué no crecen los enanos?
Hagamos un perfil de víctima que no sirve de mucho
Para empezar, hay que aclarar una cosa: no existe un perfil de víctima de violencia de género. Las mujeres que la sufren pueden ser jóvenes o mayores. Con estudios o sin ellos; con un nivel adquisitivo desde muy elevado hasta vivir en la indigencia; migrantes o nacionales; de un país o de otro; con familia y amigos o solas en el mundo; con o sin descendencia; altas, bajas, feas o guapas. Cualquiera de nosotras (siempre que seamos heterosexuales) podemos encontrarnos un día siendo víctimas de violencia de género.
¿Cuál es el perfil de las personas que sufren un robo? Pues lo mismo.
Dicho esto, sí que hay ciertas características que agravan la situación o que la hacen más susceptible de perdurar en el tiempo:
- Si hemos asumido los valores patriarcales de servidumbre al marido o tenemos modelos educativos dañinos: cuando creemos, porque así nos lo han contado, que la mujer se debe a su marido y a sus exigencias; si creemos que el amor es sufrimiento; si creemos que un matrimonio debe ser para siempre; que nuestro esfuerzo le hará cambiar; si hemos visto un patrón normalizado de violencia en nuestra casa; si ya hemos aprendido por experiencias anteriores que las relaciones son así, los hombres son así y siempre nos enamoramos del mismo perfil, etc.
- Si nos hemos creído la publicidad o autobombo patriarcal con el que nos bombardean sin parar: quien bien te quiere te hará llorar; La bella y la bestia como historia de amor y no como el comienzo de una pesadilla que termina en feminicidio; todas esas malditas y preciosas canciones y todas esas malditas y preciosas películas que nos emocionaron con sus historias en las que ellas conseguían al chico de sus sueños soportando que las tratasen como a una mierda o, simplemente, todas aquellas en las que valíamos menos que un cero a la izquierda; el refranero español en su máximo esplendor misógino y un enorme etc.
- Si no tenemos herramientas materiales para poder valernos por nosotras mismas: como dinero suficiente para mantenernos, estudios que nos permitan desarrollar una profesión, papeles o permiso de trabajo, trabajo remunerado, experiencia laboral, arraigo en un lugar, conocimiento pleno del idioma, no sufrir una subordiscriminación por nuestra cultura o el color de nuestra piel que dificulte aún más nuestra independencia, etc. Si a esto le sumamos tener que mantener a unas cuantas criaturas, apaga y vámonos.
- Cuando no tenemos un grupo de apoyo fuerte que sepa sostenernos y ayudarnos. Recordad que una de las primeras cosas que hace un maltratador es aislar a su víctima. Generalmente, lo hace de forma sibilina y a lo largo del tiempo introduciendo mensajes negativos en su cabeza sobre los demás y creando esa fantasía de que él es el único que la entiende, el único que se preocupa de verdad por ella, etc.
- Cuando tenemos un problema de salud o algún tipo de discapacidad que nos dificulte vivir solas.
- Si pasamos por un momento delicado en el que nuestra autoestima está baja o atravesamos un proceso de cambio que nos hace sentir vulnerables, etc.
La víctima perfecta y la víctima masoca
Entonces, para el limitadísimo imaginario popular, que solo es capaz de visualizar estereotipos, tenemos que una víctima socialmente aceptable de violencia de género es, por ejemplo, Samira. Samira es una mujer procedente de Agadir que llegó a España en una patera, embarazada de 8 meses, junto a su marido Khaled y sin hablar ni papa de español. Se ha quedado en su casa trabajando gratis mientras Khaled ha encontrado distintos trabajillos mal pagados en alguna obra y en el campo.
Samira ha tenido dos hijos más desde que llegó (tres en total) y pasa el día cuidando de ellos y haciendo las tareas de casa. Nunca aprende bien español porque solo se relaciona con sus hijos y con las personas que atienden ciertos comercios, pero suele pedirle ayuda a Ahmed, su hijo mayor, para que le escriba en un papel lo que quiere pedir en la tienda.
No tiene muchas amigas porque la comunidad marroquí de su zona no es muy grande y porque a Khaled no le gusta que salga de casa. Tampoco es que tenga mucho tiempo. Sus aficiones son educar a sus hijos, rezar y pasar el rato con su marido cuando no le está dando otra paliza. De hecho, su momento favorito es cuando Khaled se da cuenta de lo mucho que se ha pasado con ella y se muestra más cariñoso que nunca e incluso la lleva a dar un paseo y le regala cosas bonitas. Aunque eso cada vez pasa menos, porque a Khaled cada día le da más igual si ella tiene o no rotas las costillas.
Todo el mundo entiende por qué Samira no pasa de Khaled y se larga de ese pozo del horror y esclavitud que es su casa, ¿verdad? Pero nadie entiende qué le pasa en la cabeza a Belinda (Beli para los amigos) para volver con su marido, Carlos, después de la paliza que le dio el mes pasado y que la tuvo dos días en el hospital.
Beli es una mujer española, independiente, abogada de profesión, feminista, medianamente culta, que ha tenido una vida relativamente fácil y que contaba con un montón de amigas desde el colegio, pero a las que últimamente no tiene mucho tiempo para ver, aunque sí mantienen el contacto. Cuando quedan, Beli se queja de Carlos y de cómo la trata. Sus amigas, al principio, se horrorizaban y hacían todo lo posible por convencerla de que le dejase, pero Beli lo perdona una y otra vez y sus amigas ya se han cansado de la misma dinámica. Están hartas y se les nota. Prefieren no meterse en su relación de pareja y si Carlos y Beli ya no van nunca a las quedadas de grupo, pues eso que se ahorran porque es muy incómodo saber lo que pasa entre ellos y hacer como si nada.
¿Es Beli gilipollas? ¿Le gusta sentir el puño de Carlos en su sien? ¿Tiene Beli ganas de que Carlos la mate? ¿Quiere formar parte de una estadística para salir en las noticias?
Samira es una víctima perfecta. Todo cuadra en el estereotipo. Beli, en cambio, no. Una no puede salir, la otra no quiere. ¿Qué está pasando?
Bienvenidos a primero de violencia de género
Ningún maltratador te cruza la cara en la primera cita. Ningún maltratador te insulta y rompe tus cosas nada más conocerte. Ningún maltratador amenaza a tus mascotas, a tus amigos, a tus hijas e hijos o a ti el día que hacéis un mes de relación.
Antes de sembrar patatas, el maltratador ara el campo y remueve la tierra. Luego la abona y la prepara bien para que crezcan las mejores patatas; unas que él pueda trocear y hacer puré sin que le manden a la cárcel.
Cuando te da la primera hostia, el maltratador ya te ha destruido tanto psicológicamente que aprender a vivir sin él te duele más que los golpes.
Cuando Beli empezó a salir con Carlos, tenía todas las herramientas para mandarlo a la mierda si la trataba mal, pero ahora, tras 10 años de relación, Beli está psicológicamente destruida y va a necesitar mucha ayuda para rehacerse. Y, claro, que la insulten y la juzguen por aguantar, pues no ayuda en nada.
¿Qué ha pasado entonces?
La trampa de las líneas rojas
Puede que tú, como cualquiera, tengas líneas rojas que te dices que nunca cruzarías. Por ejemplo, puede que te hayas dicho: yo nunca soportaría que mi pareja me controlase el teléfono y la localización; yo nunca aguantaría que mi pareja me pusiera problemas para salir con mis amistades, nunca estaría con alguien que me insulta o jamás aguantaría un golpe. A la primera hostia iría a denunciar.
Pero, un día, los astros se alinean y te encuentras en un momento de tu vida vulnerable (cambio de trabajo o ciudad, pérdida de un familiar, abandono reciente, soledad…) y conoces a alguien que parece ser la respuesta a todas tus plegarias. Te enamoras hasta el tuétano y todo va de maravilla. Te hace sentir segura, comprendida y querida. Es tu mejor amigo y tu lugar seguro.
Y se preocupa tanto por ti que un día que vas a salir por la noche te pide la localización para saber que llegas bien a casa y eso se convierte en una costumbre. Línea cruzada.
Él te entiende como nadie y sabe antes que tú misma qué es lo mejor para ti, y cuando te dijo que Manuel no era de fiar y tú pensaste que eran celos, resultó que tenía razón porque Manuel te intentó comer la boca el otro día y ya no estás cómoda con él. Así que cuando tu pareja te dice que Marta no te está tratando bien y que te tiene envidia, sabes que debes escucharle, porque él se da cuenta de muchas cosas que tú no ves. Además, cuando sales con tus amigas, siempre acaba pasando algo que hace que tu pareja y tú discutáis (aunque, por supuesto, no tiene que ver con el hecho de que hayas salido sin él. Siempre es una coincidencia, pero ya prefieres evitar salir y quitarte de problemas). Línea cruzada.
Y el otro día, tuvisteis una discusión muy fuerte y los dos perdisteis las formas. Tú gritaste mucho y él te llamó loca, histérica y estúpida. Lo pasaste fatal, pero se arrepintió mucho y no lo vas a dejar por eso. Tiene un carácter fuerte, pero nadie nunca te ha querido tanto y lo está pasando muy mal en el trabajo. Línea cruzada.
Hoy, el amor de tu vida te ha empujado y luego te ha dado un bofetón. Más que el dolor —que no ha habido—, lo horrible ha sido la humillación que has sentido. Estás destrozada y haciendo la maleta para volver a la casa de tus padres, porque esto es una gran línea roja y tú no vas a tolerar que nadie te pegue.
Pasan los días y sientes que tu vida se ha ido a la mierda. Que has perdido todo aquello por lo que habías luchado. Tu proyecto vital. Todos tus planes. Sientes que la casa de tus padres no es tu casa. No encajas en ninguna parte. Ya no tienes muchas amistades con las quedar ni ganas de hacerlo. Te sientes avergonzada por echarlo de menos, pero lo haces. Lo haces tanto que te duele el pecho.
Él no deja de llamar y de escribir. Hasta ha ido a pedirles perdón a tus padres. Llora como un bebé cada vez que se pone en contacto contigo (varias veces al día). Está destrozado. Confías en él y sabes que no va a volver a pasar, pero tú te habías prometido a ti misma que esto nunca lo ibas a perdonar y resistes la tentación de volver. Aunque, si no te escribe una noche, te derrumbas y piensas que quizá se haya olvidado de ti o que está con otra.
Han pasado varias semanas. Discutes con tus padres, tu jefe es un idiota y todo va mal. Te sientes sola y solo puedes contar con él, que te escucha y te entiende. Sabes que no deberías perdonar una agresión (lo dicen en todas partes), pero ni siquiera te hizo una marca y todo podría volver a como estaba antes. Él sabe bien que te perdería para siempre si algo así se repitiese.
¿Sabes qué pasa? Que has cruzado tantas líneas rojas que ya tu palabra no vale nada ni siquiera para ti misma. Confías en él más que en ti y llega un momento en el que no sabes si alguna vez serás capaz de dejarlo, porque ya no tienes autoestima.
Y ahora atención a esto: ¿es culpa de la víctima por no quererse lo suficiente?, ¿por ignorar sus propios principios una y otra vez?
Pues no. Solo estamos viendo la parte que nos interesa ver para que cuadre el estereotipo y, como no cuadra, culpamos a la víctima y la acusamos de ponerse en peligro ella sola. La acusamos de no tener voluntad para dejar a su maltratador, de ser débil y dependiente. Es todo lo contrario: las víctimas tienen una fortaleza y un control sobrehumano, lo que pasa es que las han roto de todas las maneras posibles. Vamos a conectar las neuronas espejo para entender qué le ha podido pasar a una mujer que tenía claras una serie de líneas rojas básicas en sus relaciones y ya no tiene ninguna: lo que le ha pasado es que se ha topado con un maltratador y le ha hecho mierda su autoestima, la ha hecho sentir tonta e insignificante y completamente dependiente.
Los maltratadores hacen cosas como cambiarte de sitio las llaves o las tarjetas para demostrarte lo despistada que eres y que, sin ellos (que van y las encuentran), no eres nadie.
Los maltratadores hacen que vayas todo el día de puntillas para no disgustarlos; hacen que te sientas torpe y te manipulan con luz de gas para que creas que no te enteras de nada.
Los maltratadores te traen la luna y las estrellas y al minuto siguiente te tiran a un contenedor, alterando por completo tus niveles de dopamina y cortisol y haciéndote creer que nada está bajo tu control.
Y cuando ya han hecho todo esto, es cuando empiezan a pegarte. En un número estadísticamente alto, esto ocurre cuando la mujer está embarazada y así la tienen doblemente atrapada.
¿Sigues sin entender por qué aguantan o culpándolas a ellas?
Tus dudas ya no son una coartada válida
Año 1716. Alonso Felipe Cortés Flores, oriundo del reino de la Corona de Aragón, se propone conocer en qué consiste la ley de gravitación universal que había publicado Issac Newton casi 30 años atrás. Sabe que necesitará convencer a un hombre noble que posea la obra Philosophiæ Naturalis Principia Mathematica para que le deje entrar en su biblioteca, porque sospecha que la colección de libros de la Iglesia no va a incluir nada de Newton. Una vez que Alonso Felipe Cortés Flores sabe cuál es su objetivo, se dispone a superar el primer escollo: aprender a leer.
Año 2025. Alonso Cortés, madrileño de pro, pegado a su iPhone 24/7, que tiene en casa un ordenador de sobremesa que flipas, una Smart TV y una tablet para ver pelis en la cama, con la IA funcionando a todo trapo en todos sus dispositivos se pregunta por qué narices una mujer aguanta que su pareja le pegue y no entiende por qué no le deja sin más y punto. A veces piensa que ellas son tontas y otras, que les va la marcha. No hace nada por solventar sus dudas, pero las lanza al aire para quien quiera escucharlas cada vez que tiene oportunidad.
Alonso, abre los ojos
Os vamos a ayudar, Alonsos y Alonsas de estos tiempos buenos que corren porque, como dice la filósofa Celia Amorós, Conceptualizar es politizar:
Si queréis dejar de lanzar preguntas al aire que revictimicen a mujeres que están viviendo un infierno y queréis empezar a ser de aquellas personas que sí tienen las respuestas y saben cómo ayudar, debéis entender, para empezar, que no se puede esperar una respuesta fácil para un fenómeno multicausal.
Lo más básico es que sepáis cómo funciona el ciclo de la violencia de género que describió Leonor Walker y por qué se genera la terrible dependencia emocional entre víctimas y agresores.
Es bueno que conozcáis también el modelo de acoso moral de Marie-France Hirigoyen. Os lo contamos muy clarito en una de nuestras Píldoras de Instagram porque la violencia psicológica siempre está presente (con golpes o sin ellos) y tiene una grandísima relevancia.
Es imprescindible que entendáis el concepto de indefensión aprendida porque es superútil en general y se puede aplicar a prácticamente todos los seres humanos, en según qué situaciones, pero ayuda muchísimo a comprender la inmovilidad de las víctimas de violencia de género de larga duración.
Muy importante también es conocer el modelo ecológico de Uri Bronfenbrenner y su muy respaldada aplicación al fenómeno de la violencia de género.
Esencial resulta además la teoría del control coercitivo de Evan Stark, que tiene gran validez empírica y ha servido para adaptar, por ejemplo, la legislación de Gran Bretaña en materia de violencia de género.
Para nosotras, uno de los estudios más completos y que más recomendamos, hecho desde el campo de la medicina es el realizado por Miguel Lorente Acosta, José Antonio Lorente Acosta, Manuel Javier Lorente Acosta (sí, esa familia vale un potosí), M.ª Elena Martínez Vilda y Enrique Villanueva Cañadas acerca del síndrome de maltrato a la mujer. Vais a flipar con el número de lesiones físicas y psicológicas que presentan las víctimas. De verdad, imprescindible (y os lo decimos de manera objetiva y no porque tres de ellos fueran nuestros profesores ❤️).
Hay cientos y cientos de explicaciones más a un clic de distancia (también puedes hacerte el curso de Maestras del Crimen para entender en profundidad este fenómeno y saber informar adecuadamente sobre ello), pero estamos convencidas de que con estas referencias no vais a tener nunca más una duda al respecto del comportamiento de una víctima de violencia de género y, aún más importante, no vais a perpetuar esa mala costumbre social de ridiculizarlas y corresponsabilizarlas de lo que solo es culpa de un persona: el maltratador.